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Prejuicios y Respetos Humanos |
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Escrito por José García Sáez
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Miércoles, 12 de Mayo de 2010 10:09 |
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Estas dos circunstancias impiden en muchas ocasiones nuestro crecimiento como persona.
La primera -los prejuicios- son como unas orejeras que nos impiden ver todo aquello que no entra en nuestro campo visual. Todos tenemos la experiencia de habernos formado un juicio equivocado de alguna persona o institución, apoyándonos en detalles o comentarios fuera de contexto. Es decir “la formación de un juicio sin experiencia directa o real” (definición de prejuicio según la Real Academia Española de la Lengua) Como decía Albert Einstein: "Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio"
Y los respetos humanos, que son como un freno que nos impide actuar con naturalidad. Nos preocupa el qué dirán, el qué pensarán, el miedo al ridículo, el dar a conocer nuestros sentimientos y un largo etcétera que nos paraliza. Vencernos en esta cuestión nos ayudará a ser sencillos y naturales. De lo contrario, iremos por la vida como el labriego que volvía del campo con su hijo:
Iba orondo –el labriego con su hijo- sobre su asno, satisfecho de la vida, cuando se topó con un vecino, el cual afeó su conducta: — ¿Qué?, ¿contento?; ¡y al hijo que lo parta un rayo!
Se apeó el viejo y montó el hijo en el asno. Poco más adelante se encaró una mujer con ellos: — ¡Cómo!, exclamó indignada. ¿A pie el padre? ¡Vergüenza le debía dar al mozo!
Bajó éste del burro, y tras él caminaban padre e hijo cuando alguien les echó una indirecta: — ¡Cuidado, que se cansa el asno!
No sabiendo qué hacer, montaron ambos. Andaba cansino el burro el último trecho del camino cuando alguien les voceó de nuevo: ¡Se necesita ser bestias!; ¿no veis que el pobre animal no puede con su alma? (Infante D. Juan Manuel, en El Conde Lucanor)
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Última actualización el Jueves, 13 de Mayo de 2010 10:24 |